noviembre 01, 2007

Libro de Clases










Scarlett era la responsable de extraer, en dos oportunidades, las hojas del “Libro de Clases”. La investigación había finalizado. Ella, adolescente de 14 años que cursa el primer año medio, al ser descubierta; reconoció el acto.

Cuando nos percatamos que faltaban hojas de calificaciones y registros de la clase en el “Libro” del curso; nos inquietamos, nos preguntábamos cómo pudo ocurrir. Hubo voces que cuestionaron al profesor/a que custodiaba en ese instante el “Libro de clases”, pues es él/ella quien lo utiliza para registrar asistencia, notas y los aprendizajes de la clase y los/as alumnos/as no pueden acceder a él.

Se conocieron los motivos y las circunstancias del hecho. Fue así que me enteré, que en mi clase había ocurrido uno de los acontecimientos. Estupor y perplejidad fue mi primera reacción, por primera vez en mis años de experiencia docente que me sucede un hecho así; aunque no es un caso aislado, pues ha ocurrido otras veces. Incluso hace unos meses atrás a una profesora le sustrajeron el “Libro” desde la sala de clases y apareció al día siguiente en el baño de alumnos. La docente término mal, pues hubo voces que la encontraban a ella como responsable y no a los alumnos que habían incurrido en el hecho.

Es una evidencia que esta generación de estudiantes es muy diferente a otras antiguas generaciones. Recuerdo que cuando niño corríamos a saludar a los pasajeros del tren cada vez que pasaba por el barrio: nos uníamos, público y viajeros, en ademanes de bienvenidas. Ahora “los niños” compiten por ser los primeros en tirar piedras al tren. En pocos años “mi mundo” cambió una enormidad. ¿Cómo?... ¿Por qué?... ¿Cuándo?...

- ¿Por qué?- pregunté
- Tengo malas notas.
- ¿Cómo lo hiciste?
- Cuando Ud. fue a responder las dudas de mis compañeras, tuve la oportunidad de sacar las hojas del libro.- respondió.
- Yo confiaba en ti…
- Pero profe yo no saqué las hojas de su asignatura. Yo lo quiero a Ud.


Siento mi alma en un hilo al ver actos estúpidos en estudiantes, y a la vez, una sociedad que “explícitamente” les brinda conocimientos y tecnologías al alcance de sus manos e “implícitamente” los corrompe con entornos insanos.

En ocasiones, cuando estoy con los/as escolares, me he preguntado si soy un gendarme o un docente. Hay estudiantes que sienten una apatía por el “curriculum académico”, su infancia y juventud carecen de entornos nutritivos. Ellos/as requieren que la educación responda otras necesidades que la humanidad demanda que desarrollen, tales como: socialización, resiliencia, vida sana e inteligencia emocional.

Es importante que exista confianza entre profesor/a-alumno/a si queremos lograr un aprendizaje vital. Sé que tengo que re-construir la confianza con Scarlett, pues continúa como alumna en el curso. Y me alegra este hecho, ya que nos puede permitir encontrar otros senderos para superar el conflicto.

Esta experiencia reforzó en mí un aprendizaje vital que vivencié este año con otro “niño”: como profe y/o adulto tengo la responsabilidad de “vivir feliz”, íntimamente y comunitariamente.

Estaba con el progenitor, conversando acerca de las actitudes agresivas e inadaptadas del alumno, y cuando el papá intentó expresar una amonestación, el muchacho le increpó:

- “No tienes nada que decirme. No tienes moral… Eres un narcotraficante… Te ganas la vida vendiendo drogas…”

octubre 20, 2007

Evaluación del Desempeño Profesional Docente





He estado varios meses ausente y no he podido plasmar registro alguno en mi “bitácora”. Lo que sucede es que estuve en pleno proceso de elaboración del “Portafolio del Sistema de Evaluación del Desempeño Profesional Docente” que se realiza en mi país. Dicho “Portafolio” consta de varios “productos”, tales como, implementación de una unidad pedagógica, evaluación de término de la unidad pedagógica, reflexión sobre el quehacer docente, la filmación de una clase; y además, una autoevaluación, una evaluación de la dirección del Liceo y una entrevista que realiza otro docente a manera de coevaluación.

No deseo por ahora comunicar mi análisis profundo acerca del sistema de evaluación profesional docente, no obstante, considero inexcusable no expresar mi apreciación que tengo por ahora de la experiencia.

Quiero dejar en claro que es imperioso tener un sistema de evaluación profesional, sin embargo, tengo mis reparos con el proceso que se utiliza hasta ahora para evaluar el desempeño docente.

Uno de los propósitos fundamentales del “Portafolio” es: “presentar la mejor evidencia que dé cuenta de su labor pedagógica”. El objetivo ya presenta una contrariedad, pues no estoy postulando a un concurso ni pretendo asistir a una fiesta de gala o una cita protocolar. Tendré que esforzarme en mostrar “mi mejor cara”.

El proceso de enseñanza-aprendizaje se vive en la cotidianidad, en el quehacer diario del aula entre un profesor/a y el/la estudiante. Me pregunto si una clase, una planificación, un instrumento evaluativo, una reflexión serán suficiente para “evidenciar” mis fortalezas o debilidades en mi desempeño profesional. Personalmente lo dudo, una cosa que he aprendido es que nunca soy el mismo todo el tiempo, por ejemplo, me doy cuenta que a veces tengo clases pésimas y otras magníficas, son tantas las variables que entran en juego en el aula, que incluso si utilizara estrictamente “el método científico” en mi quehacer pedagógico, igual habría clases frustrantes.

Sucede que olvidamos que la educación es un proceso intrínsicamente humano y, como tal, en ella se manifiesta “nuestra naturaleza”, una abundancia de incertidumbres. La relación entre humanos es lo más incierto que podamos experimentar en la vida y, a la vez, ahí está también su grandeza.

Por cierto, nadie todavía tiene la autoría final de explicar cómo aprendemos los humanos, solamente tenemos heterogéneas “suposiciones” con respecto al aprendizaje y cada día surgen nuevas, que son incluso antagónicas entre sí. Hoy en día, “políticamente no es correcto” no utilizar el “método constructivista” en educación. Es el “paradigma” de moda y debemos someternos a sus postulados si no queremos ser considerados “malos educadores”, en el siglo pasado fue el “método conductista”. No me gustan los “Dogmatismos” pues la verdad y el conocimiento están en continúa creación. Y un “maestro” es aquel que puede seleccionar un “método” pertinente para el aprendizaje de su aprendiz y no someter a sus aprendices a “métodos uniformes” porque la “intelectualidad vigente” lo dictamina.

Asimismo, fue el tiempo otro factor que me contrarió, tenía ocho horas para “evidenciar” que mis alumnos/as aprenden. En educación los tiempos son distintos a los de una fábrica de clavos y esto que lo entiendan bien los economistas y tecnócratas. En marzo cuando recibí los curso, algunos parecían “cumpleaños de monos”, me permito utilizar metáforas: no hablaban, rugían; sus mentes eran luces de discotecas y no faros; no estaban conectados al aula sino a sus aparatos tecnológicos; no escuchaban mis instrucciones sino sus canciones; no había comunidad sino individualismo exacerbado. Han trascurrido varios meses y puedo afirmar que hay notables cambios en sus actitudes, aunque no son las óptimas se observa un progreso. Estos logros de la comunidad escolar no fueron instantáneos y sabemos que es una labor diaria que concluirá cuando lleguemos al horizonte. Lamentablemente estos “aprendizajes” no son “evidencias” para el “Portafolio”.

Quizás un factor que más me perjudicó, fue la sobre carga a mi trabajo docente (ya me he referido a este factor anteriormente), pues tuve que renunciar a dos “curso de perfeccionamiento o actualización” que estaba realizando. Trabajo, Portafolio, Familia y Actualización Profesional superaban con creces las 24 horas diarias. Y me vi en la obligación de sacrificar los cursos de actualización profesional, que había iniciado voluntariamente a principio de año, pues no estaba cumpliendo con los plazos y presentaba atrasos en los trabajos, investigaciones, reflexiones y aportes que me exigían. Aunque no pierdo la esperanza de volver a postular el próximo año.

El “Sistema de Evaluación del Desempeño Profesional Docente” no está inserto en la labor cotidiana que un/a profesor/a realiza junto a sus aprendices durante el año escolar, sino que es un trabajo “extra” que los docentes debemos cumplir y “evidenciar” nuestras competencias con aisladas actividades, y además, sobrecargando mucho más nuestro quehacer profesional.

Sé que existen muchas voces que presentan “evidencias” que el sistema no está cumpliendo con su objetivo principal, mejorar la Calidad de la Educación. La Autoridad se cierra a “perfeccionar” el sistema y los detractores extremos se niegan a toda evaluación. En este monólogo de sordos, la gran mayoría de los profesores/as del país se esfuerzan por optimizar sus prácticas pedagógicas y anhelan ser tratados con respeto y dignidad.

Finalmente, considero que este actual sistema de evaluación es parcial, limitado, raro, intruso, estresante y las “evidencias” son manipulables.


julio 27, 2007

Que la madera se sienta amada...





“ La madera se deja hacer porque sabe que el carpintero la quiere. El arte y el cariño se juntan en las manos del artesano sabio. Y de ellas sale la obra perfecta que es honra para la madera y para el que la trabajó. Las curvas suaves en las vetas exactas, la forma debida con recuerdos del árbol que la engendró y la adaptación a los usos a que ahora se destina en la mano del hombre, el olor a selva y el toque de taller. Trabajo digno en profesión honrada. Cooperación de las manos que obran y la madera que cede. Y ello porque hay confianza mutua y respeto y amor. Así se trabaja.

El carpintero quiere a la madera. Y la madera lo sabe. Y de ahí sale la obra maestra. Amar lo que trabajamos, amar lo que tocamos, amar lo que hacemos. Y amar de tal manera que lo que amamos y los que amamos se sientan amados y respondan con docilidad voluntaria al proceso que los forma en responsabilidad compartida. Nunca forzar, nunca imponer, nunca esclavizar. La madera se sabe querida y eso le facilita la entrega generosa al cambio difícil que le da un nuevo ser.

Cuenta Chuang Tzu de un carpintero que, cuando le encargaban un mueble, iba a la selva y se ponía a preguntar a los árboles, uno a uno, a ver cuál se consideraba idóneo y dispuesto para aquel trabajo. Sentía sus respuestas, las valoraba, las aceptaba, y por ellas elegía por fin el árbol que mejor iba a servir para la tarea encomendada. La madera sabe mejor que el carpintero qué es lo que más conviene a cada obra. Y lo dice si le sabemos consultar.

Lo importante es que la madera se sienta amada. Que no sea instrumento ciego de ganancia egoísta. Que se vea víctima inevitable de procesos crueles. Que sepa que es útil, que es bella, que es querida, y que es precisamente la transformación penosa, pero necesaria en manos expertas, la que la capacitará para ser obra noble en presencia del hombre. Que se entregue con ilusión porque confía en quien la escoge con cariño.

Otro carpintero podrá trabajar con violencia, disgusto, despecho. Quizá el observador externo no vea la diferencia, pero la madera la siente. Como siente la carne el tacto del cirujano o el golpe del agresor y los distingue. Todos somos carpinteros, de una madera o de otra, y podemos elegir entre amar la madera que trabajamos como aliada nuestra, o forzarla como enemigo que se resiste. La obra será distinta, y distinta será también nuestra satisfacción.

Amemos la madera y que la madera se sienta amada por nosotros. Eso es ser carpintero.”

(Carlos G. Vallés)


julio 15, 2007

¡ A libertar la Belleza !




No es un misterio las innumerables crisis de nuestro tiempo, que se manifiestan en distintos casos… quizás lo más evidente sea el abandono de la Belleza. Hemos relegado muchas virtudes, pero hemos sido más trágicos con la Belleza.

Nuestra cultura, nuestro mundo, nuestra sociedad, e incluso nuestra educación, han desterrado de la cotidianeidad a la Belleza.

Los griegos encontraban a la Belleza en la armonía de las proporciones, por otra parte, el matemático Benoit Mandelbrot nos presenta otra cara de la Belleza: las formas asimétricas de los fractales.

¿Dónde encontramos a la Belleza en la actualidad?...

La violencia no sólo se ha instalado en la cultura, sino en las aulas de las escuelas, y peor aún, se viste con los ropajes de la Belleza. Nos han hecho recorrer un camino con falsedades, con sofismas que daña la Belleza.

¿Dónde está la Belleza?... Ella está secuestrada, amordazada en una celda oculta, camuflada con rituales, falsificada con tecnologías, maquillada con sombras.

La Verdad, el Bien, el Conocimiento y otras virtudes requieren de la Belleza para crecer en plenitud… la Belleza es el elemento catalizador de las virtudes.

La Belleza es fundamental para la vida humana, así como lo es el aprendizaje. Sin embargo, la educación se ha separado de la Belleza, de tal modo que se ha olvidado de cultivar la esencia del ser humano (aquello que es siempre lo mismo), pues, se busca principalmente adiestrar para rendir pruebas estandarizadas, se prioriza la cultura de lo inmediato, se dice: ‘educar para el mercado’. Por las medidas de control, se enseña con tensión y quejas; por el afán individualista del ‘éxito’, se aprende con estrés y desagrado. Algunas aulas se han convertido en la antítesis de la Belleza.

Hemos borrado de la memoria que desde sus inicios la educación, a través del conocimiento y la sabiduría, inquiría a la esencia humana, y escudriñaba cómo responder preguntas fundamentales de la existencia:

¿Quién soy? ¿De Dónde vengo? y ¿Adónde voy?

La Belleza reside en ser aquello para lo cual fuimos creados.

En el arte de educar, existen algunos intentos por libertar a la Belleza: Alain Finkielkraut propone sustituir el principio de placer por la Gratitud. Howard Gardner postula integrar en las aulas tres virtudes trascendentales: la Verdad, el Bien y la Belleza. O el simple anhelo de tener maestros/as y discípulos/as en las clases, y podamos mirarnos a los ojos y decir:

“Eres el secreto del secreto de Dios.
Eres el espejo de la belleza divina.”

Rumi.



julio 02, 2007

Camina plácidamente entre el ruido y la prisa...





El poema ‘Desiderata’ tiene una leyenda acerca de su origen, unos creen que es un anónimo del siglo XVI encontrado en un monasterio, por otra parte, otros afirman que el autor es un abogado y filósofo de Harvard, Max Ehrman (1872-1945). El poema se publicó en el libro póstumo: ‘Los poemas de Max Ehrman’, y el error de autoría se debió a que la poesía se incluyó en una colección de poemas que contenía equivocación en la fecha, autor y lugar de origen.

‘Desiderata’, del latín ‘desideratum’, significa: ‘conjunto de las cosas que se echan de menos y se desean’. Sea quien sea el autor, el texto nos ilustra una forma sana de vivir en este tercer planeta. El presente texto es una versión más de las muchas que existen… recréate en su lectura:

‘Camina plácidamente entre el ruido y la prisa,
y recuerda qué paz puede haber en el silencio.
En la medida de lo posible y sin traicionarte
procura vivir en buenos términos con todo aquel que te rodea.
Di tu verdad tranquila y claramente;
y escucha a los demás,
incluso al aburrido y al ignorante;
ellos también tienen una historia que contar.

Evita a los ruidosos y a los agresivos,
ellos afligen al espíritu.
Si te comparas con otras personas,
puedes tornarte vanidoso y amargo;
porque siempre habrá personas más grandes y más pequeñas que tú.
Disfruta de tus logros y también de tus planes.

Mantén el interés en tu propia carrera, por humilde que sea;
es una verdadera posesión en las cambiantes fortunas del tiempo.
Sé cuidadoso en los negocios;
pues el mundo está lleno de trampas.
Pero no dejes que ésto te ciegue a la virtud del mundo;
muchas personas luchan por grandes ideales;
y en todas partes la vida está llena de heroísmo.

Sé tú mismo.
En especial, no finjas afecto.
Tampoco seas cínico ante el amor;
porque frente a la aridez y al desencanto,
el amor es perenne como la hierba.

Toma con serenidad el consejo de los años,
y renuncia grácilmente a los dones de la juventud.
Nutre la fuerza del espíritu para protegerte de las desgracias inesperadas,
pero no te crees falsos fantasmas.
Muchos miedos nacen de la fatiga y la soledad.
Sin olvidar una justa disciplina,
sé amable contigo mismo.

Eres un hijo del Universo,
no menos que los árboles y las estrellas;
tienes derecho a estar aquí.
Y no importa si te resulta evidente o no,
no hay duda de que el Universo se está desarrollando como debe.

Por ello procura estar en paz con Dios,
de la manera en que lo concibas,
y cualesquiera sean tus trabajos y aspiraciones,
mantén la paz en tu espíritu en la ruidosa confusión de la vida.

A pesar del trabajo duro, las falsas esperanzas y los sueños rotos,
este sigue siendo un mundo hermoso.
Procura estar alegre.
Esfuérzate por ser feliz.’