febrero 27, 2007

Codificación del tiempo


Una disciplina que entrega elementos para desvelar nuestra relación con el tiempo es la Programación Neurolingüística (PNL). Ella postula que cada uno de nosotros tiene su propio modo personal de codificar el tiempo. Su premisa es que nuestro cerebro necesita una manera de saber que los hechos están en el pasado, presente o futuro. Por eso, cada uno de nosotros posee formas de reconocer que algo es parte del pasado, presente o futuro personal. Incluso se ha reconocido que algunas personas son más bien orientadas hacia: el pasado, el presente o el futuro.

A continuación, algunas preguntas que nos pueden ayudar a descubrir nuestra forma de codificar el tiempo:

· ¿Cómo diferencio el pasado o presente del futuro?
· ¿Cómo sé que una es pasado, presente y el otro futuro?
· ¿Cómo puedo distinguir una de las otras?
· ¿De qué tamaño son los eventos temporales (pasado, presente, futuro)?
· ¿Un suceso tiene el mismo tamaño en el pasado/futuro lejano que en el pasado/futuro reciente?
· ¿Ve su evento temporal en colores o en blanco y negro?
· ¿Percibe que tiene una serie de diapositivas o tiene películas?
· ¿Sus diferentes eventos temporales son nítidos o borrosos?
· ¿Sé ve a sí mismo en el pasado/futuro o ve lo que vio/verá en ese entonces?, etc.


La PNL afirma que cada uno de nosotros imagina o percibe estos eventos en ubicaciones diferentes en el espacio personal. Este mapa temporal o ubicación de acontecimientos es una de las formas en que nuestra mente codifica los hechos. Nuestro cerebro sabe si cada uno pertenece al pasado, al presente o al futuro al concebirlos en distintas ubicaciones.

Por ejemplo: hay personas que imaginan su pasado en una línea a su izquierda, el presente al frente y el futuro en un sendero a su derecha. A otras les sucede lo contrario. Y otras tienen el pasado justo detrás suyo y el futuro al frente, etc.

Nuestro “mapa” tiene distintas formas: líneas más o menos rectas, otras tienen algo parecido aun túnel, un arco, una hélice, etc.

Existen infinitas formas de organizar el tiempo y no hay ninguna que sea la correcta, ya que cada una tiene ventajas y desventajas. Si bien este modo es fácilmente modificable. No podemos olvidar que la forma en que codificamos el tiempo tiene impacto profundo en nuestra “personalidad”, en nuestra existencia.

febrero 24, 2007

El que no sabe descansar mientras camina, no llegará




Continuando con mi inquietud acerca del tiempo, encontré un texto de Carlos G. Vallés que reflexiona sobre el tema.

Aprendo que la actitud del nativo es de síntesis, de totalidad; en cambio, muchas veces la mía es analítica, disociada, parcial. Quizás nuestra cultura “científica” me condicione a dividir o separar el tiempo en diferentes secciones y olvido que todo esto es una simple ilusión. Que nuestro reloj análogo o digital es solo una manera de concebir el tiempo, al igual que nuestra división en ‘disímiles’ actividades diarias; y que existen otras formas de relacionarse con el tiempo. A continuación, comparto contigo el texto:


‘¿Cuántas horas al día dedicas a Dios?’,
preguntaron al nativo de la selva.
Y él contestó: ‘Todo el día.’
‘¿Y cuánto tiempo al trabajo?’
‘Todo el día.’
‘¿Y cuánto al descanso?’
‘Todo el día’


Para comprender al nativo habrá que intentar ver las cosas como él las ve. Él no divide el día con horarios occidentales. Claro que hay día y noche, que la misma naturaleza marca en su curso; pero no un diario ejecutivo marcado en la agenda con plazos cerrados a ritmo de secretaria. El día es uno, como la vida es una y la persona es una, y es toda la persona la que se emplea a fondo en todo lo que hace, y todo ello es actividad vital sin dividirla en trabajo y ocio, o curso y vacaciones. El trabajo se hace con alegría, y descansa; y se hace con entrega, y lleva a Dios. No hay parcelas de tiempo.

Nos explican con claridad inesperada: el que no sabe descansar mientras camina, no llegará. Un poco a regañadientes adivinamos lo que quiere decir y comenzamos a ver que tienen razón. No se trata de descansar interrumpiendo el caminar, deteniéndose a sentarse un rato en medio del camino; no es eso, sino descansar mientras se camina; caminar de tal manera que sea descanso en vez de tensión, juego en vez de esfuerzo. Ésa es la mejor garantía de llegar.

El ganador en un maratón australiano que duraba dos días seguidos con descansos para comidas y para la noche entre los dos días, fue un campesino rústico que se apuntó a la carrera, y que no sabía que había que pararse para comer y dormir; y siguió corriendo sin pararse los dos días porque, por lo visto, sabía ‘descansar al caminar’, y fue el primer sorprendido cuando llegó el primero muy por delante de todos los demás que habían dividido el tiempo entre carrera y descanso. Hemos perdido el arte de hacer las cosas descansando.

Medimos horarios, trabajamos mirando al reloj, vamos a la huelga para recortar horas de trabajo, oponemos el trabajo al descanso, dividimos el día. Y al hacer eso, nos dividimos a nosotros mismos y tenemos que parcelar el tiempo con exclusividades opuestas. Hemos perdido la totalidad del ser y del obrar que poseía el hombre al que llamamos primitivo, y con eso los perdedores somos nosotros. Trabajar para descansar y descansar para trabajar. Es decir, hacer siempre algo para poder hacer otra cosa, sin estar de veras en lo que hacemos. Así nos luce.

Cuando se unen el trabajo y el descanso, se unen también el hombre y Dios, y el nativo puede contestar con verdad que todo su día es de Dios y el trabajo y el descanso. No hay divisiones artificiales. No hay oposición en la persona ni en el ejercicio. No hay demandas rivales de tiempo. Todo es de la totalidad de la persona que se entrega a la totalidad de la actividad. Hay ecos de Paraíso Terrenal en esa inocencia existencial de los aborígenes. Sin duda ellos viven más cerca de allí.”

(Carlos González Vallés)



febrero 20, 2007

El Tiempo y yo






“¡Qué descansada vida
la del que huye el mundanal ruido,
y sigue la escondida
senda, por donde han ido
los pocos sabios que en el mundo han sido!”

(Fray Luis de León)


He regresado de mis “vacaciones”, pude "recargar" mis baterías para enfrentar los nuevos y antigüos desafíos; no obstante, y una vez más, experimenté una manía contemporánea: estar siempre ubicable. Deseaba unos momentos retirarme del “ruido” de la urbe, de mi entorno habitual y compartir con mis seres queridos instantes de “soledad”. Sin embargo, no pude alejarme de algunos aparatos actuales como el celular, la televisión y el reloj, además si hubiera tenido acceso a la Internet, me habría conectado a ella. Son pocos los lugares del planeta que no tienen estos aparatos tecnológicos o conectividad disponible con ellos, debemos tener presente que estos instrumentos condicionan nuestra realidad. Quizás este mundo tecnológico, cambiante y efímero, me hace estar “siempre conectado”. ¿Qué podría suceder si no estoy ubicable?

Esta vivencia me hizo preguntar cómo me estoy relacionando con el tiempo:

a.- ¿Cómo empleo el tiempo?
b.- ¿Cómo creo que podría aprovechar mejor el tiempo de mi vida?
c.- ¿Lucho contra el tiempo? ¿Lo disfruto? ¿Lo uso? ¿Lo desperdicio?



Estoy en el proceso de “rumiar” las respuestas, no obstante, he encontrado otras réplicas al uso del tiempo, una de ellas es la del Dr. Berne, padre del Análisis Transaccional. Comparto esta clasificación que ha añadido más investigación a mis dudas.

Para el doctor Eric Berne tenemos seis maneras posibles de estructurar el tiempo: aislamiento, rituales, pasatiempos, juegos, actividades e intimidad.

1.- Aislamiento: Podemos aislarnos de los otros físicamente, ocultando nuestra presencia; psicológicamente, encerrándonos en nuestras fantasías.
2.- Rituales: corresponde a comportamientos estereotipados que provienen de la cultura, religión, ideologías, normas sociales, etc.
3.- Pasatiempos: son intercambios superficiales entre personas, generalmente es dejar pasar el tiempo hablando temas inocuos, sin complicarse ni profundizar el nivel.
4.- Juegos: los juegos psicológicos se basan en la manipulación y en la representación de roles que ocultan o aniquilan nuestra esencia.
5.- Actividades: a menudo se considera como trabajo, ya que es lo que se quiere, necesita o tiene que hacer.
6.- Intimidad: es el encuentro humano más profundo. Implica interés verdadero por el/la otro/a, es decir, ver, oír, percibir realmente al otro/a. Con frecuencia la intimidad aterra, pues implica riesgo, ya que somos vulnerables.



febrero 01, 2007

¡Felices vacaciones!


Por vacaciones
y
cambios de rutinas.

Desconectado

Hasta el 20 de febrero.