enero 15, 2007

"Niños difíciles"


En “El Mercurio” de hoy aparece una carta de la doctora Amanda Céspedes C. (Neuropsiquiatra Infantil Especialista en Neuropsicología y Salud Mental del Escolar), quien responde a la Sra. Domínguez, cuya carta me sirvió para comentar el trabajo docente (leer opinión 09/01/07). La doctora Céspedes aporta otros antecedentes muy oportunos. Y Por ser un texto claro, preciso y significativo; proporciono el escrito ‘in extenso’ que apareció en la sección ‘Cartas’.

“Señor Director:
A propósito del caso de suicidio de un pequeño alumno de un colegio privado de Santiago, la señora María de la Luz Domínguez enrostra a los profesores el carecer de la necesaria paciencia y flexibilidad frente a alumnos excesivamente inquietos y/o desobedientes, los que serían una minoría fácil de manejar si los maestros tuviesen la voluntad de hacerlo. Como especialista en Salud Mental del Escolar, a menudo veo que se continúa sosteniendo que los profesores promueven la pasividad como sinónimo de buena conducta, cuando la realidad es totalmente diferente: hoy el profesor invierte más del 40% del tiempo docente intentando, a menudo infructuosamente, sintonizar en el aula un ambiente de silencio y quietud que permita empezar a trabajar; tarea titánica, por cuanto dos de cada tres alumnos se muestran abiertamente negativistas, desafiantes, hiperactivos, carentes de autocontrol y con una pobre capacidad de concentración.

¿La causa? Nada más lejos de ser adjudicada a un profesor intolerante; este 75% de chicos y adolescentes inmanejables tienen su origen en casa. Son niños que carecen de horarios y de rutinas, que han cambiado la almohada y el sueño reparador por el chat de trasnoche; pequeños adoradores de los juegos de consola y de la TV sin restricciones; consumidores compulsivos de azúcares y bebidas cola; desconocedores del respeto, que afirman que el profesor es un ‘empleado’ de su padre, quien paga la colegiatura y por extensión, es ‘el patrón’ del maestro, mostrándose por lo tanto despectivos, insolentes y desafiantes. En este contingente de ‘pequeños desalmados’, los chicos con reales problemas de conducta o académicos pasan a ser ‘uno más’, y no es raro que paguen los platos rotos al tener un diagnóstico que les señala como problemáticos, aun siendo seres maravillosos y creativos como el hijo de la Sra. Domínguez.

En vez de culpar injustamente a los profesores, luchemos para que el contingente de padres ‘posmodernos’ recupere la cordura y la verdadera autoridad parental antes de que sea demasiado tarde.”

enero 09, 2007

Trabajo docente


A propósito de la calidad de la educación, producto del debate que se ha producido por los resultados de la PSU, leía los comentarios de una mamá en la sección Carta al Director de un periódico nacional.

En ella se explicitan muchas de las “realidades” de nuestro sistema educacional, que algunos investigadores han precisado muy bien y que afectan el trabajo docente. Ciertos factores son: la privatización de la educación, selección y segmentación del sistema escolar, la precarización y sobrecarga del trabajo docente, la municipalización de la educación, sistemas de medición nacional e internacionales y aplicar principios de gestión empresarial en el ámbito escolar.

Cito algunos párrafos de la carta mencionada:

“(…) Hasta cuándo vamos a permitir que los niños con dificultades de comportamiento sean atosigados con anotaciones, perseguidos por los profesores e inspectores y, además, muchas veces maltratados por sus propios compañeros. (…) Es evidente que es más fácil para los profesores hacer clases en un curso donde no hay niños que interrumpa, que se pare, que se desconcentre, que tenga mal comportamiento. Así comienza la angustia de los padres, que golpean puertas, infructuosamente, en colegios tradicionales, donde ‘no hay cupo’ o ‘no le fue bien en el examen’. Luego no queda más que buscar ‘ayuda’ en colegios de segunda opción, donde reciben a estos niños echados. Donde todos sus compañeros son niños ‘difíciles’, por lo que la educación es evidentemente de menor calidad. (…). Y con propiedad hablo del tema, ya que soy mamá de un niño catalogado de ‘difícil’ (ha sido echado en dos oportunidades por su mal comportamiento). Él es un ser humano maravilloso, lleno de virtudes espectaculares: tremendamente inteligente, cariñoso, alegre, simpático, creativo, entretenido, y absolutamente adorable.”

Esta carta toca puntos importantes de la educación, que pocas veces se explicitan. Uno es el “producto del trabajo docente” (hablando en un lenguaje de mercado, tan de moda en la cultura de hoy).

¿Dónde percibe el profesor(a) el “producto de su trabajo”?... ¿En la ‘felicidad’ de sus alumnos(as) y/o padres? ¿En las mediciones nacionales: PSU, SIMCE? ¿En los porcentajes de aprobación o reprobación anuales? ¿En la oferta y demanda del mercado laboral? ¿En la ‘formación integral’ del educando? ¿En las cifras de matrícula y cobertura? ¿En los logros estandarizados de evaluaciones internacionales?...

Para responder esta pregunta es necesario saber qué se entiende por calidad en la educación y a quién le corresponde definirla. En otras palabras, ¿Qué se quiere producir? y ¿Cuál es el curriculum explícito e implícito?

¿Cuánto poder de decisión tiene el profesor(a) sobre su quehacer educativo?

En las circunstancias actuales, los profesores(as) tenemos casi nulo poder de decisión ,ya que quedamos al final del proceso y ,a veces, parece que somos simplemente operadores de pautas del Ministerio de Educación y Corporaciones Municipales o Privadas. El poder de decisión en las aulas chilenas se distribuye de la siguiente manera, en forma descendente: Ministerio de Educación, Direcciones Provinciales de Educación, Corporaciones Municipales o Privadas, Organismos Consultores y Ejecutores de proyectos Educativos, luego el Establecimiento Educativo (Equipo EGE) y finalmente el profesor(a) (¿Y dónde están los alumno(as) y apoderados?)

El trabajo docente en las salas de clases de la educación municipal se ha multiplicado, se ha enmarañado y, lo más grave, ciertas tareas se han instaurado como algo inherente al quehacer del profesor(a). Algunas son: corrección de evaluaciones y preparación de material fuera del horario de trabajo; el trabajo burocrático-administrativo; las exigencias de responder al curriculum, las mediciones y evaluaciones oficiales; además, se pide soterradamente desempeñar los roles de especialista, orientador, asistente social, tutor, sicólogo, figura paterna o materna, cuidador, etc. Todo lo anterior ha afectado enormemente la salud del profesor(a), hay varios estudios al respecto (por espacio no me refiero ‘in extenso’ a ellos).

Para concluir, reitero las preguntas que considero claves y que urge responder:

1.- ¿Qué se entiende por calidad de la educación?
2.- ¿Quién(es) deberá(n) definirla?
3.- ¿Qué se quiere ‘producir’ en las instituciones educativas?

diciembre 30, 2006

Cambiar yo para que cambie el mundo



Termina el año escolar y es hora de comentar hechos que están ocurriendo:
En lo inmediato, es el gran número de profesores(as) despedidos(as) de la Corporación Municipal de Educación y todo el drama que conlleva la cesantía. Quien administra debe saber que su decisión afectará a miles de personas. Una vez más, sólo el interés comercial es el que prima, no razones académicas. Hay bajas en la matrículas y, por ende, exceso de educadores (¿?). La Corporación Municipal necesita cuadrar los ingresos y egresos, y por supuesto, el “hilo se corta por lo más delgado”; no creo que se disminuya el gran aparato administrativo que tiene o deje de utilizar el aire acondicionado que usa todos los días del año en sus oficinas. Por eso, “los peones de la educación” deben asumir los costos. La administración sólo esta preocupada del “$”, como un(a) alumno(a) equivale a tanta cantidad de dinero, los cursos deben estar con 45 estudiantes y si algún resquicio legal lo permite aumentamos la cantidad, lo importante es que estén completos no interesa que a veces la sala de clases parezca un tarro de sardinas. ¿Apoyo pedagógico?... El profesor(a) tiene que ser creativo, proactivo, motivador, líder, etc. Y pobre de él (ella) si aumentan los embarazos adolescentes, el consumo de drogas, la rebeldía juvenil, los bajos estándares de rendimiento, la delincuencia social, el SIDA, los accidentes de tránsito, etc. Somos los únicos responsables ante este “mercado”. Sé que mi discurso no logrará nada, no obstante, más que continuar con letanías, tengo un desafío por realizar: mi labor con excelencia y como primer parámetro fijo mi propia conciencia y no los criterios de este “sistema mercantil”.
Una vez más, frente a esta realidad necesito recurrir a algún pozo para beber de sus aguas, con el fin de continuar la travesía de la mejor manera posible; así encontré este maravilloso texto Sufi, que comparto contigo.


“El sufi Bayazid dice acerca de sí mismo:
De joven yo era un revolucionario y mi
oración consistía en decir a Dios: ‘Señor,
dame fuerzas para cambiar el mundo’.

A medida que fui haciéndome adulto y
caí en la cuenta de que me había pasado
media vida sin haber logrado cambiar a
una sola alma, transformé mi oración y
comencé a decir: ‘Señor, dame la gracia
de transformar a cuantos entran en
contacto conmigo. Aunque sólo sea a mi
familia y a mis amigos. Con eso
me doy por satisfecho’.

Ahora, que soy un viejo y tengo los días
contados, he empezado a comprender lo
estúpido que yo he sido. Mi única oración
es la siguiente: ‘Señor, dame la gracia de
cambiarme a mí mismo’. Si yo hubiera orado
de este modo desde el principio,
no habría malgastado mi vida”

diciembre 27, 2006

No sabía qué decir...


Somos seres de relatos, de cuentos, de historias… la palabra es una materia prima para crear o destruir realidades. Vivimos narrando o escuchando “cuentos”, propios o ajenos; dependemos tanto de estos relatos, que incluso nos contamos a nosotros(as) mismos(as) historias cuando no encontramos un(a) samaritano(a) piadoso(a) que nos entregue su historia. Nuestra existencia es una fábula.
Por eso, quiero compartir esta tradición de la sabiduría sufi y como se dice en los evangelios: “…quien tenga oídos, que oiga.”

“Era la primera vez que estaba en ese pueblo y una multitud se había reunido en un auditorio para escucharlo. Nasrudím, que en verdad no sabía qué decir, porque él sabía que nada sabía, se propuso improvisar algo. Entró muy seguro y se paró frente a la gente. Abrió las manos y dijo:
- Supongo que si ustedes están aquí, ya sabrán qué es lo que yo tengo para decirles.
La gente dijo:
- No... -¿Qué es lo que tienes para decirnos? No lo sabemos. ¡Háblanos!
Nasrudím contestó:
Si ustedes vinieron hasta aquí sin saber qué es lo que YO vengo a decirles, entonces no están preparados para escucharlo.
Dijo esto, se levantó y se fue.
La gente se quedó sorprendida. Todos habían venido esa mañana para escucharlo y el hombre se iba simplemente diciéndoles eso. Habría sido un fracaso total si no fuera porque uno de los presentes -nunca falta uno- mientras Nasrudím se alejaba, dijo en voz alta:
- ¡Qué inteligente!
Y como siempre sucede, cuando uno no entiende nada y otro dice "¡qué inteligente!", para no sentirse un idiota uno repite: "¡Sí, claro, qué inteligente!". Y entonces, todos empezaron a repetir:
- ¡Qué inteligente!
- ¡Qué inteligente!
Hasta que uno añadió:
- Sí, qué inteligente, pero... qué breve.
Y otro agregó:
Tiene la, brevedad y la síntesis de los sabios. Porque tiene razón. ¿Cómo nosotros vamos a venir acá sin siquiera saber qué venimos a escuchar? Qué estúpidos que hemos sido. Hemos perdido una oportunidad maravillosa. Qué iluminación, qué sabiduría. Vamos a pedirle a este hombre que dé una segunda conferencia.
Entonces fueron a ver a Nasrudím. La gente había quedado tan asombrada con lo que había pasado en la primera reunión, que algunos habían empezado a decir que el conocimiento de él era demasiado para reunirlo en una sola conferencia.
Nasrudím dijo:
- No, es justo al revés, están equivocados. Mi conocimiento apenas alcanza para una conferencia. Jamás podría dar dos.
La gente dijo:
- ¡Qué humilde!
Y cuanto más Nasrudím insistía en que no tenía nada para decir, más la gente insistía en que querían escucharlo una vez más. Finalmente, después de mucho empeño, Nasrudím accedió a dar una segunda conferencia.
Al día siguiente, el supuesto iluminado regresó al lugar de reunión, donde había más gente aún, pues todos sabían del éxito de la conferencia del día anterior. Nasrudím se paró frente al público e insistió en su técnica:
- Supongo que ustedes ya sabrán qué he venido a decirles.
La gente estaba avisada para cuidarse de no ofender al maestro con la infantil respuesta de la anterior conferencia-, así que todos dijeron:
- Sí, claro, por supuesto que lo sabemos. Por eso hemos venido.
Nasrudím bajó la cabeza y añadió:
- Bueno, si todos ya saben qué es lo que vengo a decirles, yo no veo la necesidad de repetir.
Se levantó y se volvió a ir.
La gente se quedó estupefacta; porque aunque ahora habían dicho otra cosa, el resultado había sido exactamente el mismo. Hasta que alguien, otro alguien, gritó:
- ¡Brillante!
Y cuando todos oyeron que alguien había dicho "¡brillante!", el resto comenzó a decir:
- ¡Sí, claro, este es el complemento de la sabiduría de la conferencia de ayer!
- ¡Qué maravilloso!
- ¡Qué espectacular!
- ¡Qué sensacional, qué bárbaro!
Hasta que alguien dijo:
- Sí, pero... mucha brevedad.
- Es cierto -se quejó otro.
- Capacidad de síntesis -justificó un tercero.
Y enseguida se oyó:
- Queremos más, queremos escucharlo más. ¡Queremos que este hombre nos dé más de su sabiduría!
Entonces, una delegación de los notables fue a ver a Nasrudím para pedirle que diera una tercera y definitiva conferencia.
Nasrudím dijo que no, que de ninguna manera; que él no tenía conocimientos para dar tres conferencias y que, además, ya tenía que regresar a su ciudad. La gente le imploró, le suplicó, le pidió una y otra vez; por sus ancestros, por su progenie, por todos los santos, por lo que fuera. Aquella persistencia lo persuadió y, Finalmente, Nasrudím aceptó temblando dar la tercera y definitiva conferencia. Por tercera vez se paró frente al público, que ya eran multitudes, y les dijo:
- Supongo que ustedes ya sabrán qué he venido yo a decirles.
Esta vez, la gente se había puesto de acuerdo: sólo el intendente del poblado contestaría. El hombre de primera fila dijo:
- Algunos sí y otros no.
En ese momento, un largo silencio estremeció al auditorio. Todos, incluso los jóvenes, siguieron a Nasrudím con la mirada.
Entonces, el maestro respondió:
- En ese caso, los que saben... cuéntenles a los que no saben. Se levantó y se fue.”

diciembre 12, 2006



Pronto será un nuevo fin de año, un ciclo que finaliza y se inicia de la cultura que hemos creado. Y pensaba cómo comunicar vivencias presentes en este caminar humano, que se complementan con mi labor docente. Y una vez más, recurrí a la poesía, pues ella fue, es y será la expresión mágica para comunicar lo inefable. Quiero compartir contigo dos poemas, el primero pertenece a "Poemas de Amor" de Rumi y el segundo es mío, de ninguna manera quiero compararme con el sabio Rumi, humildemente deseo expresar mi punto de vista.


“Ay Amado,
llévame
Libera mi alma
Lléname con tu amor
Libérame de los dos mundos
Si mi corazón se enfoca en otro que no es tú
Deja que el fuego me queme por dentro
Ay Amado
Llévate lo que quiero
Llévate lo que hago
Llévate lo que necesito
Llévate todo lo que me aleja de ti”

Mevlâna Yalâl al-dîn Rumi




“El alma
,a veces,
busca su reflejo
en rostros ajenos
vibra cuando encuentra eco,
sincronía;
se inhibe
cuando es aprisionada,
humillada.
Mi alma,
te busca a ti
fuente de amor
y dolor,
manantial de libertad
y vasallaje,
pozo de verdad
e ilusión.
Sólo
cuando beba
de tus aguas,
mi sed será saciada…”